Cuando alguien fallece, ¿qué le decimos a su entorno más cercano?

Vivimos en un ritmo que muchas veces no nos deja parar. Vamos en automático, gestionando responsabilidades, cuidando de otras personas, trabajando… y, sin darnos cuenta, nos vamos dejando para después.

Hasta que el cuerpo habla.

Hasta que la mente no para.

Hasta que el cansancio ya no se pasa con dormir.

Y entonces aparece la pregunta:

¿Qué puedo hacer para sentirme mejor?

Aquí es donde la Sofrología puede convertirse en una gran aliada.

¿Qué es la sofrología?

La Sofrología, de manera muy resumida, es una disciplina que combina técnicas de respiración, relajación, movimiento suave y visualización para ayudarte a encontrar equilibrio entre tu cuerpo, tu mente y tus emociones.

Su nombre viene del griego:

Sos (equilibrio)

Phren (consciencia)

Logos (estudio)

Es decir, El estudio de la consciencia en equilibrio”.

Pero más allá de la definición, y en base a mi forma de transmitirla, la Sofrología es algo muy práctico: Es un entrenamiento para aprender a escucharte, regularte y sentirte mejor en tu día a día.

¿Para qué sirve la sofrología?

La Sofrología te ayuda a gestionar mejor lo que te pasa por dentro, incluso cuando lo de fuera no cambia.

Estos son algunos de sus beneficios más importantes:

1. Reducir el estrés y la ansiedad

Aprendes a activar tu cuerpo de forma consciente para salir del estado de alerta constante.

Por ejemplo:

Si sientes que tu mente no para antes de dormir, con la sofrología puedes aprender a calmarla y facilitar el descanso.

2. Mejorar la calidad del sueño

Muchas personas llegan a la cama agotadas… pero no logran desconectar.

Con prácticas sencillas, tu cuerpo aprende a entrar en un estado de relajación profunda que favorece un sueño más reparador.

3. Gestionar mejor tus emociones

No se trata de dejar de sentir, sino de no quedarte atrapada en lo que sientes.

Por ejemplo:

Si reaccionas con irritabilidad o te sientes desbordada, la sofrología te da herramientas para parar, observar y responder de otra manera.

4. Recuperar energía y vitalidad

El estrés crónico desgasta muchísimo.

La sofrología te ayuda a:

  • Detectar cuándo necesitas parar.
  • Recuperar energía.
  • Reconectar con tu cuerpo.

5. Aumentar la confianza en ti misma

    A través de la toma de consciencia, empiezas a reconectar con tus recursos internos.

    Y pasito a pasito aparece algo muy valioso: La sensación de “puedo con esto”

    6. Mejorar tus relaciones

    Cuando tú estás mejor, todo cambia.

    • Te sientes llena de alegría.
    • Tienes más paciencia.
    • Te comunicas mejor.
    • Estás más presente.

    Y eso se nota especialmente en la relación con tu pareja y con tus hijos e hijas.

    ¿Cómo es una sesión de sofrología?

    Una sesión combina:

    • Parte práctica: Respiraciones, activaciones, relajación corporal y mental, visualización guiada. Sentimientos  y sensaciones de equilibrio, serenidad, paz, quietud…
    • Parte de toma de consciencia: Observar qué has sentido, cómo lo has sentido, dónde lo has sentido… Sin juicio.

    No necesitas experiencia previa, ni un entorno especial.

    De hecho, uno de los grandes beneficios es que puedes aplicar lo que aprendes en tu vida diaria:

    • En casa
    • En el trabajo
    • Antes de dormir
    • En momentos de estrés

    ¿Para quién es la sofrología?

    La sofrología es para ti si sientes que:

    • Estás constantemente cansada o en tensión.
    • Te cuesta desconectar.
    • Te sientes sobrepasada emocionalmente.
    • Has dejado de priorizarte.
    • Quieres sentirte más en calma y en equilibrio.

    Y también si, simplemente, quieres empezar a cuidarte de verdad.

    ¿Qué pasa cuando empiezas a cuidarte?

    Cuando empiezas a dedicarte tiempo y a escucharte, pasan cosas muy bonitas:

    • Te sientes más tranquila.
    • Tienes más claridad mental.
    • Disfrutas más de tu día a día y de la gente que te rodea.
    • Mejoran tus relaciones.
    • Vuelves a conectar contigo.

    Pero cuando no lo haces…

    • El estrés se acumula.
    • Hablas mal, sobre todo, a las personas que más quieres.
    • El cuerpo se tensa.
    • Las emociones se desbordan.
    • Y acabas funcionando en modo supervivencia.

    La clave para llegar al bienestar no es hacerlo perfecto, es empezar.

    “La Sofrología no busca que cambies quién eres. Busca que vuelvas a ti.”

    Con pequeñas prácticas, repetidas en el tiempo, puedes generar cambios reales en cómo te sientes y cómo vives.

    ¿Te gustaría probarlo?

    Si sientes que esto resuena contigo, te invito a dar el primer paso.

    Puedes:

    • Probar una sesión conmigo.
    • Pedirme información sin compromiso.
    • simplemente contarme qué estás necesitando ahora mismo.

    Y si en algún momento siento que otra profesional puede ayudarte mejor, también te acompañaré en ese camino.

    No tienes que hacerlo sola.

    “Escríbeme y vemos juntas cómo puedo ayudarte a recuperar tu bienestar y tu equilibrio.”

    No nos damos cuenta, pero ésta es una parte muy importante dentro del proceso de duelo.

    Todo lo que voy a escribir lo voy a hacer teniendo en cuenta que para las personas que rodean a alguien que acaba de perder a un ser querido tampoco es fácil lo que ha ocurrido. Porque muchas veces les une una amistad o un parentesco cercano con la persona que ha muerto.

    Cuando pierdes a un ser querido lo que menos quieres son palabras. Nadie puede quitarte la pena que tienes dentro. Pero un abrazo, una mirada compasiva o una mano tendida pueden ayudarte en tu proceso.

    Al principio, en mi caso, yo no buscaba un oído al que hablar, pero poco a poco sí. Buscaba a alguien que sólo me escuchara sin que me dijera nada, sólo quería sentirme escuchada.

    Cuando falleció mi pareja, la primera semana no quería ver a nadie. Venía una amiga a por mi hijo a casa y ella le llevaba a clase. No me sentía con fuerzas de enfrentarme a las personas.

    En ese momento lo veía así, y ahora entiendo eso de “enfrentarme a las personas”. En realidad, no era enfrentarme a las personas sino a sus miradas y a su compasión. No quería dar pena a nadie.  Ahora no lo siento así, pero en ese momento mi autoestima estaba por los suelos y eso era lo que sentía.

    Mientras estaba en casa iba recibiendo mensajes de muchas personas y eso me reconfortaba, sabía que las personas que me quieren estaban y están a mi lado. Lo que no me apetecía era hablar por teléfono o quedar para tomar un café. En ese aspecto, mi entorno creo que lo entendió perfectamente y me dejaron mi espacio.

    Yo recibía mensajes todos los días y los agradecía muchísimo. Unos me sacaban una sonrisa y otros mensajes muchas lágrimas. Pero ambos eran necesarios para no sentirme sola.

    Si que ha habido personas que pasado un tiempo me han dicho “Jo, es que no queríamos agobiarte”. Para mí esto es un fallo, porque con un mensaje no agobias a nadie. Si todo el mundo pensase lo mismo te quedas más sola que la una. No lo juzgo, sé que es un pensamiento que viene desde el amor.

    Soy consciente de que todo el mundo no somos iguales y que no nacemos sabiendo, si no que las experiencias de la vida nos van enseñando.

    No podemos juzgar a las personas por sentir que están o no están a nuestro lado. Está claro que hay personas que me hubiera gustado que hubiesen estado más cerca, pero no por ello me he enfadado. Las quiero igual.

    Para acompañar a una persona en su proceso de duelo no hace falta llamarle o escribirle todos los días. Dependiendo del grado de confianza podrás llamarle, y si no te coge, puedes mandarle un mensaje. La otra persona cuando pueda te contestará… o no.

    No pienses que por no cogerte el teléfono o por no contestarte a un mensaje no quiere que le escribas. Simplemente puede que no tenga ganas o fuerzas de contestarte. Está bien, deja que pasen unos días y vuelve a intentarlo, pero sin forzarlo.

    Son momentos difíciles que se hacen más fáciles viendo que a tu lado tienes una red de personas con las que sabes que puedes contar en cualquier momento. Muchas veces no hace falta tener a las personas físicamente a tu lado, con saber que están ahí es suficiente.

    Presencia y comprensión.

    Hay dos cosas que son fundamentales en la vida y que te ayudan a la hora de acompañar a alguien que ha perdido a un ser querido: La presencia y la comprensión.

    La presencia no tiene porqué ser física. Yo tengo amistades que viven lejos y les siento cerca porque me llaman o me mandan mensajes y siempre tienen palabras llenas de amor y comprensión para mí.

    La otra persona tiene que sentir que estás ahí “a su lado” para ofrecerle tu hombro, tu escucha, tu mano… lo que necesite en cada momento. La presencia conlleva estar presente.

    Pero ¿qué es esto? Es estar para cuando la otra persona esté triste, sienta enfado, esté sufriendo… Es transmitirle que vas a sostenerle para lo que necesite, sin juicios.

    La comprensión es algo indispensable. Es lo que te va a ayudar a saber qué hacer o qué decir en cada momento. Para, respira y comprende a la otra persona: si llora, si grita, si se lamenta, si no quiere salir de casa, si no quiere salir de la cama… es porque lo necesita.

    Siempre teniendo en cuenta que tenemos que controlar que la persona no esté todo el día llorando o todo el día gritando. Si creemos que necesita ayuda profesional es importante que nos asesoremos y valoremos qué es lo que tenemos que hacer.

    Las emociones que se alargan demasiado en el tiempo no son buenas.

    Frases prohibidas cuando acompañas a una persona en el duelo

    Las siguientes frases están prohibidas. Así de tajante soy en este punto:

    • “No pasa nada”
    • “Bueno, el tiempo lo cura todo”
    • “Menuda putada te ha hecho la vida”
    • “No llores mujer”
    • “Todavía eres joven, vendrán otros…”
    • “Eres joven, todavía tienes toda la vida por delante”
    • “Tienes que salir a la calle”
    • “Ahora a seguir adelante por tu hijo”
    • “Tienes que ser fuerte”
    • “Ah, pues estás muy guapa”

    Muchas veces es mejor no decir nada, con dar un abrazo y un beso es más que suficiente.

    Las frases que le puedas decir tienen que salir del corazón. Puedes preguntarle qué necesita y si hay algo en lo que le puedas ayudar. Te pongo algunos ejemplos para que te hagas una idea.

    Frases que necesita oír una persona que acaba de perder a un ser querido:

    • “Lo siento mucho, ¿Hay algo en lo que te pueda ayudar?”
    • “¿Hay algo que necesites?”
    • “Cuando necesites un abrazo llámame y vengo”
    • “Si necesitas hablar, vengo y te escucho”
    • “Siéntete libre de llamarme cuando lo necesites”
    • “Me tienes a tu lado para lo que necesites”
    • “Si quieres que te acompañe a hacer alguna gestión, cuenta conmigo”

    No es fácil para nadie gestionar estos momentos tan difíciles. No se trata de juzgar a nadie, pero sí es importante ser consciente del poder de algunas palabras. Tan sencillo como un abrazo y un beso es suficiente para apoyar a una persona que acaba de perder a un ser querido.

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