5 claves que te ayudarán a gestionar la ira

Te despiertas cansada y, antes de apoyar los pies en el suelo, ya estás repasando todo lo que tienes que hacer.

Trabajo, mensajes, compras, citas, personas que necesitan algo de ti…

El día avanza y tú vas resolviendo. A veces deprisa. Otras, con la sensación de que, por mucho que hagas, siempre queda algo pendiente.

Hasta que llega la noche. Estás cansada, pero tu mente continúa haciendo listas. Y, si alguien te pregunta cómo estás, quizá contestas casi sin pensarlo:

«Bien. Cansada, pero bien».

¿Cuánto tiempo hace que no te detienes a escuchar QUÉ HAY detrás de ese cansancio? (Ahora mismo cierra los ojos, haz una respiración profunda y contempla tu cuerpo).

Cuando seguir adelante se convierte en la única opción

 

A veces no paramos porque sentimos que no podemos…

Hay horarios que cumplir, personas a las que cuidar y situaciones que no se solucionan dejando el móvil a un lado. Otras veces, incluso cuando aparece un pequeño espacio, nos cuesta ocuparlo con algo que sea solamente para nosotras.

«Primero termino esto».

«Cuando todo esté organizado».

«Ya descansaré el fin de semana».

Y así, casi sin darnos cuenta, nuestras necesidades van quedando para después.

No ocurre porque no sepamos cuidarnos ni porque nos falte voluntad. A veces llevamos demasiado tiempo sosteniendo mucho con poco apoyo. O hemos aprendido a sentirnos útiles cuando hacemos cosas por otras personas, pero incómodas cuando nos toca recibir o descansar. Por eso, comenzar a escucharnos no debería ser un reproche. Debería ser una invitación.

Las señales que merece la pena atender

 

El estrés puede acompañarse de dificultad para relajarse, irritabilidad, problemas de concentración y alteraciones del sueño. Cuando se mantiene en el tiempo, también puede agravar problemas de salud, según explica la Organización Mundial de la Salud y muchísimos profesionales del Bienestar.

Quizás te reconoces en alguna de estas situaciones:

  • Te sientas a descansar, pero continúas repasando tareas.
  • Te cuesta estar presente en una conversación porque estás pensando en lo siguiente.
  • Respondes con menos paciencia de la que te gustaría.
  • Gritas a tus hijos/as, a tu pareja, al perro…
  • Llegas a la cama agotada, pero no consigues desconectar.
  • Sientes culpa cuando dedicas tiempo a algo que disfrutas.

Éstas experiencias no permiten saber por sí solas QUÉ te está pasando. El cansancio o las dificultades para dormir pueden tener distintas causas, y no todo se explica por el estrés. Pero sí merecen atención, no necesitas esperar a que el malestar sea insoportable para pedir ayuda o revisar QUÉ necesitas.

El dolor de estar para todo y para todos y sentirte lejos de ti

 

Hay un malestar que no siempre sabemos explicar, es darte cuenta de que sabes qué necesita cada persona de tu entorno, pero te cuesta responder cuando te preguntas qué necesitas tú.

Es tener una tarde libre y no saber QUÉ te apetecería hacer.

Es echar de menos disfrutar, REIR o conversar sin estar pendiente del reloj.

Quizás has pensado: «Antes yo no era así». En lugar de juzgarte por cómo estás ahora, podrías preguntarte:

¿Qué estoy sosteniendo? ¿Qué me está faltando? ¿Qué apoyo necesito?

El AUTOCONOCIMIENTO no consiste en analizarte continuamente ni en buscar qué haces mal. Consiste también en reconocer tus límites, tus deseos y las condiciones en las que te encuentras. ESCUCHARTE puede ayudarte a distinguir cuándo necesitas descansar, cuándo necesitas compañía y cuándo lo que hace falta es cambiar algo, decir que no o pedir ayuda.

PARAR no significa aprender a aguantar más

 

No quiero proponerte el autocuidado como una manera de soportarlo todo sin quejarte. Una PAUSA no elimina una carga de trabajo excesiva, no reparte por sí sola las tareas de casa ni resuelve una situación difícil. A veces cuidarte será respirar unos minutos. Y otras veces será tener una conversación pendiente, proteger tu descanso, delegar o buscar acompañamiento profesional. Las dos cosas pueden ir de la mano.

No se trata de adaptarte mejor a todo lo que te hace daño. Se trata de crear un pequeño espacio desde el que reconocer CÓMO ESTÁS y decidir QUÉ NECESITAS.

Cinco minutos: Un comienzo sencillo, aunque no siempre fácil

 

Cuando hablamos de autocuidado, es fácil imaginar una hora de silencio, una rutina perfecta o una agenda con muchos espacios libres. Pero no necesitas empezar por ahí.

Puedes comenzar con cinco minutos.

No porque cinco minutos vayan a resolverlo todo, sino porque pueden ser una oportunidad para “dejar de hacer” durante un momento y prestar atención a tu experiencia.

Si te apetece probar, busca un lugar cómodo y permite que esos minutos tengan una intención sencilla.

Una pausa de cinco minutos para escucharte

 

  1. Detenerte. Dejar a un lado, si puedes, lo que estabas haciendo.
  2. Notar el peso de tu cuerpo. Siente los pies en el suelo o la espalda sobre la silla.
  3. Observar tu respiración. Sin forzarla ni intentar hacerlo de una manera perfecta.
  4. Preguntarte cómo estás. ¿Qué notas? ¿Qué necesitas hoy?
  5. Elegir un pequeño gesto de cuidado. Algo posible, no una nueva lista de obligaciones.

Puedes mantener los ojos abiertos o cerrados, como tu te sientas más cómoda. Si centrarte en la respiración te incomoda, dirige la atención a los objetos que ves o a los sonidos que escuchas o fija tu mirada, con los ojos semiabiertos, a un punto fijo.

No tienes que terminar sintiéndote de una forma determinada. Y, si hoy no encuentras esos 5 minutos, no significa que hayas fallado.

El cuidado también está en cómo te hablas cuando las cosas no salen como habías imaginado.

Un primer encuentro contigo a través de la Sofrología

 

En mi forma de acompañar, utilizo la Sofrología para proponer espacios de atención al cuerpo y la mente mediante la respiración, la relajación, movimientos suaves y visualizaciones. No necesitas dejar la mente en blanco ni tener experiencia previa.

Mi invitación es que puedas explorar la práctica a tu ritmo, observando cómo la vives, sin compararte con nadie.

Si quieres saber qué puedes esperar, puedes conocer cómo es una sesión de Sofrología.

Para facilitar ese primer paso, he preparado un recurso gratuito que incluye:

  • Una práctica guiada de Sofrología de 5 minutos.
  • Un vídeo en el que te explico cómo realizarla.
  • Una guía para descubrir qué es la Sofrología.

Puedes acceder a los materiales y elegir cuándo comenzar.

Un espacio para seguir cuidándote, acompañada

 

Y si te apetece reservar un tiempo para ti cada semana, he creado el Círculo de Bienestar para Mujeres, un espacio presencial en Algorta (Bizkaia). Y también próximamente en Gernika (Bizkaia) y Gueñes (Bizkaia).

Durante una hora y media combinaremos Sofrología con dinámicas y recursos de autocuidado y autoconocimiento.

Un lugar para escucharte, compartir si lo deseas y explorar tu BIENESTAR junto a otras mujeres, desde el respeto y sin juicios.

No tienes que cambiar toda tu vida hoy. Quizás el primer paso sea hacerte una pregunta y darte tiempo para escuchar la respuesta:

«¿Cómo estoy y qué necesito?»

5 minutos no van a resolverlo todo. Pero pueden ser el comienzo de una relación más amable contigo misma.

Si el malestar persiste, empeora o dificulta tu vida cotidiana, consulta con un profesional sanitario. El autocuidado y la Sofrología no sustituyen la atención médica o psicológica que puedas necesitar.

La ira es un estado emocional con el que puedes sentir tensión, enfado, irritación, rabia… y varía en intensidad según cómo esté tu estado de ánimo.

La ira suele surgir cuando sientes que te atacan (física y/o verbalmente), cuando te pasa algo que te genera frustración, cuando ves algo que no te gusta o cuando, por ejemplo, alguien tiene que quedarse en la cama por no poder moverse, ya sea por enfermedad o por accidente.

En el caso de un proceso de duelo, la ira es una de las fases que en un momento u otro vas a pasar. Cada persona tiene su propio proceso de duelo y la intensidad de cada emoción es diferente en cada una de ellas.

La ira es una de las emociones que te ayudará a sobrevivir y te dará la fuerza para “salir del agujero”.

En otras ocasiones a la ira le había llamado cólera, pero es lo mismo. Como te comentaba al principio, en un estado de ira podrás sentir enfado, indignación, rabia… y/o cólera. En él, te explico que te tocará aprender a gestionar la ira en la tercera fase después del regateo.

Esto suele ser así porque después del shock, la negación y el regateo empiezas a ser consciente de que la persona que amabas se ha muerto y que no volverás a estar con ella. Es entonces cuando todas las emociones y sentimientos que has reprimido anteriormente tienen que salir en algún momento y se expresan a través de la ira, la rabia, el enfado…

Cuando pierdes a un ser querido sientes un gran sentimiento de impotencia y vives lo ocurrido como una injusticia. ¿Por qué a mí?

Tienes que sacarla y aprovecharte de ella, aprender a gestionar la ira, ya que puede ayudarte a “salir del agujero en el que te encuentras”.

Si no sacas la rabia, se te va a quedar dentro y no te va a ayudar ni física ni emocionalmente. Reconócela y acéptala, te ayudará a sentirte mejor. Es necesario que atravieses esta emoción para poder seguir adelante en tu proceso de duelo.

Gestionar la ira: cómo reconocerla y cómo aceptarla.

Cuando estás pasando por un duelo no es fácil reconocer las emociones y mucho menos gestionarlas, pero si lo intentas, te aseguro que lo vas a conseguir.

Para reconocer una emoción, en este caso la ira, tienes que dejarte sentir. Algo que te puede ayudar a sentir es la “meditación”.

  1. Busca un momento del día y un lugar cómodo en el que nadie te pueda molestar.
  2. Siéntate cómodamente y empieza a respirar lentamente, concentrándote en tu respiración.
  3. Yo suelo hacerlo con los ojos cerrados, pero también lo puedes hacer con los ojos abiertos. Lo importantes es que te sientas a gusto.
  4. Recuerda ese momento en el que has sentido rabia, cólera, irritación, enfado…
  5. Hazte varias preguntas: ¿qué has sentido? ¿lo has sentido en alguna parte del cuerpo? ¿cómo te has sentido? ¿qué has hecho con lo que has sentido?

Es importante que seas consciente de cómo te hace sentir la ira y qué haces con ella. Yo te invito a que la aceptes. Para aceptarla, primero tienes que aceptar que estás pasando por un proceso de duelo y luego poquito a poco, cada vez que aparezca, ir aceptándola como parte de tu proceso:

  1. Acéptala. “Muy bien, estás aquí y para algo habrás venido. Voy a descubrirlo”.
  2. Piensa para qué ha podido venir la ira, el enfado, la irritación…
  3. Saca un aprendizaje de para qué ha venido porque te va a ayudar a gestionarla.

Claves para gestionar la ira.

Como siempre te digo, las emociones vienen para ayudarnos y avisarnos de algo. En este caso, la ira, tu tendrás que descubrir para qué ha venido.

A continuación, te voy a dar 5 claves que te ayudarán a gestionarla y a sacarla:

El cojín.

Hay momentos en los que sientes muchísima ira por dentro pero no puedes o no sabes sacarla. Con lo que te voy a decir y con práctica poco a poco la irás sacando.

Coge un cojín o una raqueta y empieza a dar golpes en la cama. Empieza dando golpes suavemente y cuidando tu postura, sobre todo tu espalda, y hazlo a un ritmo constante. A la vez que das golpes vas diciendo “Aaaa…” con la boca bien abierta y vas aumentando el tono en cada golpe. Esto te va a ayudar a sacar tu ira y todas las emociones que tengas dentro de ti.

Respétate en todo momento, y cuando no puedas más o no quieras seguir, para y descansa. Al principio puede resultar duro, pero es una forma muy buena para descargar y gestionar esa emoción.

El monte.

También puedes ir al monte y gritar. En el monte puedes encontrar un espacio en el que te sientas a gusto y gritar para sacar todo lo que tengas dentro. Es importante que cuides tu voz, ya que para gritar también hay que saber hacerlo.

Utilizar la naturaleza como espacio de desahogo es muy bueno porque la naturaleza te ayuda a conectar mejor con tu ser y de esa manera es más fácil gestionar las emociones.

La música.

Algo que a mí me funciona muy bien es poner a tope la música que me gusta y cantarla gritando. Acabo sacando todo. Además, me pongo a bailar y a saltar, y es muy sanador.

Lo que consigues haciendo esto es cambiar tu estado de ánimo. Si sientes la rabia y no consigues cambiar el chip, puedes hacer este ejercicio y verás cómo después te sientes con una energía más liberadora y alegre.

Manifestación artística.

Puedes utilizar cualquier manifestación artística como escribir, pintar, modelar, bailar, tocar un instrumento… Cualquier cosa que te ayude a sacar esa ira y expresar lo que sientes dentro.

Yo suelo escribir lo que siento y esto me ayuda a liberarme. Es como si sacara esa información de mi cabeza o de mi cuerpo y dejase hueco para cosas nuevas.

El ejercicio.

Hacer ejercicio siempre es bueno, pero cuando estás pasando por un proceso de duelo es indispensable. Hay muchas maneras de hacer ejercicio: puedes ir a andar 30 minutos, practicar regularmente un deporte que te guste o ir al gimnasio. Haciendo ejercicio liberamos endorfinas, y éstas nos ayudan a sentirnos mejor.

Estos 5 ejercicios te ayudarán a sacar la ira y a gestionarla mejor, ya que una vez que la sacas, sabes para qué viene y es más fácil su aceptación. Cuando aprendes a gestionar bien la ira puedes enfrentarte mejor a la “amenaza” y creas inconscientemente mecanismos que podrás utilizar en el futuro.

Y tú, ¿cómo vives esta emoción? ¿Qué trucos sigues para gestionar la ira? 

¿Te ha ayudado el artículo?

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