Te despiertas cansada y, antes de apoyar los pies en el suelo, ya estás repasando todo lo que tienes que hacer.
Trabajo, mensajes, compras, citas, personas que necesitan algo de ti…
El día avanza y tú vas resolviendo. A veces deprisa. Otras, con la sensación de que, por mucho que hagas, siempre queda algo pendiente.
Hasta que llega la noche. Estás cansada, pero tu mente continúa haciendo listas. Y, si alguien te pregunta cómo estás, quizá contestas casi sin pensarlo:
«Bien. Cansada, pero bien».
¿Cuánto tiempo hace que no te detienes a escuchar qué hay detrás de ese cansancio? Ahora mismo, cierra los ojos, haz una respiración profunda y contempla tu cuerpo.
El autocuidado emocional no consiste en hacerlo todo mejor ni en añadir una tarea a tu lista. Puede empezar por crear un pequeño espacio para reconocer cómo estás y qué necesitas.
Cuando seguir adelante se convierte en la única opción
A veces no paramos porque sentimos que no podemos…
Hay horarios que cumplir, personas a las que cuidar y situaciones que no se solucionan dejando el móvil a un lado. Otras veces, incluso cuando aparece un pequeño espacio, nos cuesta ocuparlo con algo que sea solamente para nosotras.
«Primero termino esto».
«Cuando todo esté organizado».
«Ya descansaré el fin de semana».
Y así, casi sin darnos cuenta, nuestras necesidades van quedando para después.
No ocurre porque no sepamos cuidarnos ni porque nos falte voluntad. A veces llevamos demasiado tiempo sosteniendo mucho con poco apoyo. O hemos aprendido a sentirnos útiles cuando hacemos cosas por otras personas, pero incómodas cuando nos toca recibir o descansar. Por eso, comenzar a escucharnos no debería ser un reproche. Debería ser una invitación.
Las señales que merece la pena atender
Según la Organización Mundial de la Salud, el estrés puede dificultar la relajación y la concentración, y acompañarse de ansiedad, irritabilidad, dolores, malestar gástrico y dificultades para dormir.
Quizás te reconoces en alguna de estas situaciones:
- Te sientas a descansar, pero continúas repasando tareas.
- Te cuesta estar presente en una conversación porque estás pensando en lo siguiente.
- Respondes con menos paciencia de la que te gustaría.
- Gritas a tus hijos/as, a tu pareja o al perro.
- Llegas a la cama agotada, pero no consigues desconectar.
- Sientes culpa cuando dedicas tiempo a algo que disfrutas.
Estas experiencias no permiten saber por sí solas qué te está pasando. El cansancio o las dificultades para dormir pueden tener distintas causas, y no todo se explica por el estrés.
Si las dificultades para descansar se repiten, también puedes conocer cómo la sofrología para dormir puede ayudarte a calmar la mente antes de acostarte.
Pero sí merecen atención: no necesitas esperar a que el malestar sea insoportable para pedir ayuda o revisar qué necesitas.
El dolor de estar para todo y para todos y sentirte lejos de ti
Hay un malestar que no siempre sabemos explicar: es darte cuenta de que sabes qué necesita cada persona de tu entorno, pero te cuesta responder cuando te preguntas qué necesitas tú.
Es tener una tarde libre y no saber qué te apetecería hacer.
Es echar de menos disfrutar, reír o conversar sin estar pendiente del reloj.
Quizás has pensado: «Antes yo no era así». En lugar de juzgarte por cómo estás ahora, podrías preguntarte:
¿Qué estoy sosteniendo? ¿Qué me está faltando? ¿Qué apoyo necesito?
El autoconocimiento no consiste en analizarte continuamente ni en buscar qué haces mal. Consiste también en reconocer tus límites, tus deseos y las condiciones en las que te encuentras. Escucharte puede ayudarte a distinguir cuándo necesitas descansar, cuándo necesitas compañía y cuándo lo que hace falta es cambiar algo, decir que no o pedir ayuda.
Parar no significa aprender a aguantar más
No quiero proponerte el autocuidado como una manera de soportarlo todo sin quejarte. Una pausa no elimina una carga de trabajo excesiva, no reparte por sí sola las tareas de casa ni resuelve una situación difícil.
A veces cuidarte será respirar unos minutos. Y otras veces será tener una conversación pendiente, proteger tu descanso, delegar o buscar acompañamiento profesional. Las dos cosas pueden ir de la mano.
No se trata de adaptarte mejor a todo lo que te hace daño. Se trata de crear un pequeño espacio desde el que reconocer cómo estás y decidir qué necesitas.
Cinco minutos: un comienzo sencillo, aunque no siempre fácil
Cuando hablamos de autocuidado, es fácil imaginar una hora de silencio, una rutina perfecta o una agenda con muchos espacios libres. Pero no necesitas empezar por ahí.
Puedes comenzar con cinco minutos.
No porque cinco minutos vayan a resolverlo todo, sino porque pueden ser una oportunidad para dejar de hacer durante un momento y prestar atención a tu experiencia.
Si te apetece probar, busca un lugar cómodo y permite que esos minutos tengan una intención sencilla:
- Dejar a un lado, si puedes, lo que estabas haciendo.
- Notar el peso de tu cuerpo. Siente los pies en el suelo o la espalda sobre la silla.
- Observar tu respiración. Sin forzarla ni intentar hacerlo de una manera perfecta.
- Preguntarte cómo estás. ¿Qué notas? ¿Qué necesitas hoy?
- Elegir un pequeño gesto de cuidado. Algo posible, no una nueva lista de obligaciones.
Puedes mantener los ojos abiertos o cerrados, como tú te sientas más cómoda. Si centrarte en la respiración te incomoda, dirige la atención a los objetos que ves, a los sonidos que escuchas o fija la mirada, con los ojos semiabiertos, en un punto fijo.
No tienes que terminar sintiéndote de una forma determinada. Y, si hoy no encuentras esos cinco minutos, no significa que hayas fallado.
El cuidado también está en cómo te hablas cuando las cosas no salen como habías imaginado.
Si te apetece profundizar en esta práctica, puedes probar estos ejercicios de respiración consciente.
Un primer encuentro contigo a través de la Sofrología
En mi forma de acompañar, utilizo la Sofrología para proponer espacios de atención al cuerpo y la mente mediante la respiración, la relajación, movimientos suaves y visualizaciones. No necesitas dejar la mente en blanco ni tener experiencia previa.
Mi invitación es que puedas explorar la práctica a tu ritmo, observando cómo la vives, sin compararte con nadie.
Si quieres saber qué puedes esperar, puedes conocer cómo es una sesión de Sofrología.
Para facilitar ese primer paso, he preparado un recurso gratuito que incluye:
- Una práctica guiada de Sofrología de cinco minutos.
- Un vídeo en el que te explico cómo realizarla.
- Una guía para descubrir qué es la Sofrología.
Puedes acceder a los materiales y elegir cuándo comenzar.
Un espacio para seguir cuidándote, acompañada
Y si te apetece reservar un tiempo para ti cada semana, he creado el Círculo de Bienestar para Mujeres, un espacio presencial en Algorta (Bizkaia), y próximamente en Gernika (Bizkaia) y Güeñes (Bizkaia).
Durante una hora y media combinaremos Sofrología con dinámicas y recursos de autocuidado y autoconocimiento.
Un lugar para escucharte, compartir si lo deseas y explorar tu bienestar junto a otras mujeres, desde el respeto y sin juicios.
Si quieres seguir profundizando en estas prácticas con una guía semanal, puedes conocer el curso online de Bienestar y Sofrología para mujeres.
No tienes que cambiar toda tu vida hoy. Quizás el primer paso sea hacerte una pregunta y darte tiempo para escuchar la respuesta:
«¿Cómo estoy y qué necesito?»
Cinco minutos no van a resolverlo todo. Pero pueden ser el comienzo de una relación más amable contigo misma.
Si el malestar persiste, empeora o dificulta tu vida cotidiana, consulta con un profesional sanitario. El autocuidado y la Sofrología no sustituyen la atención médica o psicológica que puedas necesitar.

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